Kundalini Yoga, todos podemos unirnos

Ong Namo Guru Dev Namo

El Kundalini Yoga es una tecnología que logra el bienestar, la felicidad y el redescubrimiento de aquello que es verdadero dentro de nosotros mismos. Puede ser practicado por cualquier persona que no tenga serias patologías y no requiere previa práctica yóguica. El concepto de esta técnica es trabajar la totalidad del ser humano —tanto su cuerpo físico, energético, como los más sutiles— por medio de la vía del ashtanga, las Ocho Ramas que los Yoga Sutras de Patanjali proponen y que son la esencia del Yoga. La particular manera en que Yoghi Bhajan, el gran maestro del Kundalini Yoga, combinó estas ramas, dejó como legado una de las prácticas más efectivas que existen para el desarrollo completo del ser. Normalmente cualquier principiante que se acerca a nuestra escuela se asombra de los beneficios inmediatos que percibe en cada una de las dimensiones de su totalidad.

Algunas veces me he encontrado con practicantes de otras escuelas que me dicen que en su disciplina también se trabaja la energía Kundalini. Hay que tener en cuenta que ella está en todo ser humano y, por ello mismo, es considerada por todas las escuelas de Yoga (y por muchas tradiciones) que desarrollan la totalidad del ser. Del mismo modo en que (por ejemplo) el Hatha Yoga se avoca, en su medida, a despertar la energía Kundalini, nuestro yoga también hace hatha (el trabajo sobre las polaridades para que estén en equilibrio), y asímismo trabajamos en muchas otras facetas tales como el Nidra Yoga, Raja Yoga, Karma Yoga, Bhakti Yoga, etc. Muchas veces el nombre de una escuela habla de su intención inicial de desarrollo.

Los principios básicos del Kundalini Yoga clásico son el uso de ciertas Asanas (posturas),  las Bhandas (cerraduras), la respiración, las retenciones y la concentración conscientes para despertar y guiar la energía más alta que el ser humano es capaz de producir (Kundalini) hacia los Chakras superiores, con el fin de realizar el ser. Y, partiendo de esta práctica central, Yoghi Bhajan dedicó su vida a desarrollar una técnica que fuera propicia para las mujeres y hombres de nuestra época, para ayudarnos a que pudiéramos encontrarnos a nosotros mismos, fortalecernos y estrechar el vínculo que tenemos con nuestra verdadera identidad. De este modo, nos ha dejado un legado realmente extenso que lo contempla prácticamente todo y que, algo que a mí me resulta maravilloso, busca beneficiar tanto lo específico como la totalidad desde un trabajo que siempre es total: en una sesión se trabaja siempre compaginando, alternando o uniendo posturas, mudras, mantras, control de la respiración, profundización de  la concentración,  meditación, relajación, visualización…

Me he topado con muchas personas que me preguntan qué diferencia esta escuela de otras. Lo cierto es que cada profesor de yoga tiene su propio estilo. Unos tienden más al trabajo físico, mientras que otros proponen un trabajo más bien interior. Además, un buen profesor entiende que sus clases siempre deberían prestar oídos a lo que necesitan o buscan sus estudiantes. Una clase de Kundalini Yoga siempre será diferente a otra. Sin embargo, un yogui con un poco de experiencia en esta disciplina aprende a reconocer cierto «sabor» que le es propia, y que se asocia a lo rajásico («acción, fuego, entusiasmo»); esto es porque dinamiza, armoniza y sutiliza nuestra energía, lo que nos permite abrir nuestros corazones (que es donde se encuentra Anahata: lo ilimitado) y, de este modo, descubrimos nuestra verdadera potencialidad. Aunque, para ello, primero es importante sentir nuestro fundamento corporal (el punto del ombligo) y espiritual (la tierra).

El Kundalini Yoga funciona muy bien grupalmente, de esta manera sus resultados son más efectivos. En nuestra práctica la respiración tiende a aplicarse con consciencia y potencia porque buscamos elevar la vibración de todo el grupo por medio de la dinamización del cuerpo pránico. Ésta es una de las razones por la que abundan ejercicios en los que movimiento y respiración son una sola realidad: cuando van juntos, propician una experiencia individual poderosa que se multiplica cuando formamos parte de un colectivo.

Sin embargo, si no dijéramos más nos quedaríamos con una descripción parcial, porque también es cierto que esta disciplina desarrolla además la quietud corporal, el silencio interior y la irradiación o expansión del espíritu, atributos propios de la naturaleza sátvica. Por ejemplo, el hecho de que normalmente se trabaje con los ojos cerrados responde a ello, de modo que los practicantes puedan realmente observarse y crear una relación más profunda consigo mismos y al mismo tiempo dificultar la aparición de impulsos egoicos tales como la competencia o la comparación con el compañero de al lado. Sucede a menudo que, luego de un trabajo en el que se genera y se eleva una gran cantidad de prana (energía vital), se internaliza  y concientiza por medio de una relajación, y luego se utiliza y se disfruta realizando una meditación. De este modo, vamos un poco más allá en este viaje tan maravilloso que es el reconocimiento del Ser.

Sat Nam

Jian Prakash Singh

centrodharana@gmail.com